Un saludo que funciona tiene tres partes y ninguna es larga: el deseo ("que cumplas muchos más"), algo que sólo vos podrías decirle —una manía, un recuerdo, un chiste interno— y el cierre con tu nombre. La parte del medio es la que hace la diferencia: sin ella el mensaje se lee igual que el de cualquier otro. Si no se te ocurre nada, describí una cosa concreta que hizo por vos.
¿Cuándo conviene mandar el mensaje?
Temprano en el día de la fecha, no a la medianoche. Los saludos de medianoche compiten con todos los demás y se leen en bloque a la mañana siguiente; uno que llega a las nueve llega solo. Para un cumpleaños, la mañana. Para algo difícil, cuando la persona tenga tiempo de leerlo tranquila, que casi nunca es un día de semana a las ocho. Y si te acordaste tarde, mandalo igual: un saludo de un día después es mejor que ninguno, y no hace falta empezar pidiendo disculpas por la demora.