Enfermedad, duelo y los mensajes que acompañan sin obligar a contestar.
¿Qué se le escribe a alguien que está enfermo o pasando algo difícil?
Algo que no obligue a contestar. Quien está mal recibe muchos mensajes y contestar a todos cansa, así que conviene cerrar diciendo que no hace falta responder. Sirve más ofrecer algo puntual —"paso el jueves", "te llevo la comida"— que ofrecer todo en abstracto: "cualquier cosa avisame" deja el trabajo del lado de quien está peor. Y no hace falta ser optimista: acompañar no es prometer que va a salir bien.
¿Qué conviene no escribir en una condolencia?
Todo lo que empiece explicando la pérdida: "estaba en un lugar mejor", "todo pasa por algo", "por lo menos no sufrió". Quien está de duelo no necesita un sentido, necesita compañía. Funciona mejor nombrar a la persona que murió, decir algo concreto que recordás de ella y ofrecer algo puntual: "el jueves paso con comida". Y si no sabés qué decir, se puede decir eso.
¿Cuándo conviene mandar el mensaje?
Temprano en el día de la fecha, no a la medianoche. Los saludos de medianoche compiten con todos los demás y se leen en bloque a la mañana siguiente; uno que llega a las nueve llega solo. Para un cumpleaños, la mañana. Para algo difícil, cuando la persona tenga tiempo de leerlo tranquila, que casi nunca es un día de semana a las ocho. Y si te acordaste tarde, mandalo igual: un saludo de un día después es mejor que ninguno, y no hace falta empezar pidiendo disculpas por la demora.
¿Cuánto tiene que medir una dedicatoria?
Menos de lo que uno cree. En una tarjeta impresa entran cómodas tres o cuatro líneas; en un mensaje de WhatsApp, dos. Lo que se copia más de este sitio ronda las veinte palabras. Si el mensaje pasa de seis líneas conviene partirlo: uno corto ahora y una llamada después. La longitud no transmite cariño; la especificidad sí.